jueves, 1 de junio de 2017

ratafía


Bebo un chupito de ratafía bajo la luz invisible de la luna nueva. Tengo frente a mí el rojo a oscuras de geranios que han florecido como nunca. Quizás otras veces ya habían florecido igual, quizás es que nunca me había fijado. Lo que no había sucedido nunca, seguro, es que las ramas del granado estuviesen tan atlas. Tan altas, perdón. Vuelvo a la dislexia y a mi estado de embriaguez pero y qué. Y qué si este mundo de mierda, este capitalismo de mierda, quiere hundirnos hasta que nos creamos que no servimos para nada, para nada más que la servidumbre y el sí, sí a todo, sí porque nos dicen que esta es la forma de crecer y de hacernos grandes y de aprovechar lo que la vida nos ofrece. Siempre a cambio, por eso, de pisar a los que nos rodean para llegar más alto: ese es el triunfo, llegar más lejos que el que tenemos al lado y pisarlo, si hace falta, para seguir creciendo al son de este individualismo corrosivo que solo va a llevarnos hasta la tumba; como todo, sí, pero hasta una tumba en la que estaremos solos y amargados. Y cómo iba a ser de otro modo, si vivimos en una sociedad en la que no te puedo decir "ven, dame la mano" porque desconfías, o en la que si me dices "ven, dame la mano, corramos juntos, construyamos juntos", voy a ser yo quien desconfíe porque nos han inculcado el germen que nos impide pensar que es posible, que existe un juntos, un compartir, una solidaridad, un hagámoslo mejor y más justo y más bonito. Seamos más atlas y más altos, florezcamos como nunca, pero no. Aquí solo se deja florecer a los capullos anestesiados y complacientes, productivos, soplapollas, comemierdas, comeloquesea -pero que alimente la plaga autodestructiva en la que nos hemos convertido. Me sirvo otro chupito de ratafía para matar los enfados y la ansiedad. Yo quiero ser atlas y geranio y rama que crece junto a otras ramas sin la codicia de llegar antes al cielo, de tener más flores, de ser más fuerte. Quiero saltar y que saltes sin que se nos quiebre el impulso en la baldosa floja del miedo a equivocarnos, a quedarnos atrás, a ser menos, a no llegar lejos, a no ganar, a fracasar. Miro el rojo a oscuras de los geranios y desde aquí, desde mi fracaso anunciado, solo se me ocurre brindar con ratafía por que todas las ramas se conviertan en el atlas de la contracorriente.



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