viernes, 28 de julio de 2017

atún, tún, tún

Me acerco a la barra con el plato vacío y después de recorrerla un par de veces cojo una croqueta y un pincho de atún. Hacen falta pocos mordiscos para que la amiga me reconozca la ansiedad. No es por comer deprisa, me dice. "Es por el atún, siempre que lo eliges es porque tienes una ansiedad que no puedes con ella." Trago, escucho y pienso en lo que dice. Nunca hubiese imaginado que alguien pudiera darse cuenta de esto; de hecho, creo que ni siquiera yo era plenamente consciente, pero es cierto: elijo atún cuando el ansia me puede. Sigo masticando y tragando, esperando que no lleguen las preguntas, pero, claro, después de destapar el misterio salen todas a flote. Que por qué, que si estoy nerviosa, que si triste, si preocupada, que tragues más lento y te pares a respirar. O que mastiques, tan solo, que mastiques y respires y dejes de engullir atún como si dentro de un momento fuese a acabarse el mundo. Y ahora qué, me pregunto yo. Porque podría decir que no pasa nada, que todo está bien, que, ¿no lo ves?, estoy contenta, me río; pero el no poder dejar de pensar -entre dos millones de cosas más- que el pincho no tardará en acabarse hace difícil seguir con el cuento. Hace hasta difícil que yo misma me convenza de que todo va bien y que estoy tranquila. Prefiero dejar pasar las preguntas y seguir dándole esta importancia desmesurada al atún. Atún en lata sobre una rebanada de pan con tomate, una anchoa, pimiento y una oliva pinchada en un palillo que lo atraviesa todo. Me quedo mirando lo poco que queda en el plato ya. De pequeña, papá siempre me llamó "oliva rellena de rica anchoa". Él decía que con cariño, pero a mí me sonaba a sorna y me costó muchos años y muchas discusiones que dejara de llamarme así. Vuelvo a tragar. Puedo sentir el palillo de madera atravesándome de arriba abajo. Pero prefiero la risa. Comer atún y hablar y reír y dejar de darle importancia al resto. Si bebo un poco más de vino conseguiré imaginarme que el atún de mi estómago vuelve a ser pez grande y fuerte que abre su boca gigante para despedazar a mordiscos todo lo que no me deja respirar.  

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