jueves, 6 de octubre de 2011

caminante, son tus huellas el camino y nada más

El día que comprendí que se pueden cazar vidas con los ojos, con miradas lanzadas al aire, con un simple parpadear... aquel día supe lo que era el vértigo.

Basta un soplido para abrir o cerrar una puerta. Un hilo de aire, un mensaje, un guiño. Es un instante, el chasquido decisivo que hará que mañana despiertes en Marte o en Plutón. Una encrucijada sin señalizar que te obliga a decidir hacia dónde ir, a seguir caminando porque el tiempo no se detiene a la espera de nadie; ya lo decía Machado, que caminante no hay camino, se hace camino al andar... Y de tu paso depende que el día sea rojo, amarillo o gris. Lo jodido es que en ese preciso momento el destino es tan volátil que sus ecos resultan sordos ante el estallido del desatino.

¿Sabes de qué te hablo? De tener el azar en las manos y los pies al borde del precipicio. De saber que un suspiro tiene la inercia suficiente para empujarme a caer, que una sonrisa puede abrir de par en par las ventanas del sentir, posarse en tu boca y tentarte a venir. Ven conmigo. ¿No lo oyes? Te llama mi piel. No es mi voz, sino el susurro de algo que serpentea por dentro, los gritos de la sangre reclamándote a bocados.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

engrunes, pluja, tardor

S'escola la tardor per les escletxes de les persianes; encara no he sabut renunciar a la rutina estival de dormir amb les finestres obertes, tot i l'exigència de la pell. Tardor a les parets, als prestatges, entre els llibres, sota el llit. Rememoro els trons que la matinada d'ahir van despertar-me a batzegades, brrrrrum! Amb tant de renou dins la memòria, les gotes de pluja (que aquest vespre cauen amb inèrcia de ploma d'ocell) esdevenen engrunes de tristeses esmicolades, petits vidres d'un mirall trencat. Necessito fulles seques a dolls, marró castanya, taronja occidat, vermell magrana, groc envellit... tempestes de romanticisme que tenyeixin el gris de l'asfalt dels colors de la caducitat, de tot allò que mor per tornar a reviure demà amb més força.

viernes, 9 de septiembre de 2011

la tendresa de les paraules

Recuerdo que el sol quemaba, estaba sola y tenía unas ganas infinitas de lluvia. Se me escapaba el humo del cigarro entre los labios mientras me venía a la cabeza aquella frase que había encontrado removiendo papeles viejos: He perdut el fil d'una pila de vides que em servien d'abraçada, i ara hi ha tardes que sento que em falten capes sobre la pell. Me quedé absorta mirando la ceniza y la taza de café. Pensé que si hubiese bajado del metro un par de paradas antes, me habría sentado a desayunar en la terraza de aquel bar chiquitín, al lado de su trabajo. Podríamos habernos cruzado por la calle; con suerte, hasta podríamos haber coincidido en el bar. La habría abrazado con la mirada y le habría dicho a silencios que m'enamora el seu tarannà (perquè hi ha ulls, i mirades, i somriures i veus i cadències i paraules -la tendresa de les paraules-, que enamoren). Pero estoy aquí, me dije, porque hace tiempo que dejé de jugar a perseguir casualidades. Seguí mirando absorta el hilo de humo del cigarro al consumirse, me quedaba medio dedo de café en la taza y tres o cuatro notícias en el periódico. Creo que fue por aquellos tiempos cuando me enganché a la nostalgia, a la maldita nicotina del echar de menos...

jueves, 8 de septiembre de 2011

una mañana cualquiera de abril, o de marzo, o de junio

La niebla se fumaba el horizonte aquel amanecer de primavera. Salí a recoger algas con los pies descalzos, como de costumbre. El sueño se me despegaba de los ojos a medida que las olas, tímidas, se abrazaban a mis tobillos. Caía lluvia de aquella tan finita, de aquella que apenas se ve. No recuerdo cuánto tardé en ver tu patinete varado en las rocas (un patinente de esos de mar, con pedales y un pequeño tobogán en la popa). Tampoco sé del cierto si la niebla era densa o la lluvia finita, pero ¿sabes?, no importa. Sería una mañana cualquiera, como todas las mañanas de abril, o de marzo, o de junio. Lo especial era que estabas allí, y era tu presencia la que hacía que las nubes se fumasen el cielo y el mar desprendiese morriña. Apareciste así, de repente. Tu cuerpo inerte sobre la arena despertaba tranquilidad, tanta tranquilidad que te acosté en mi cama casi sin despertarte. Y allí dormimos todas las noches hasta hoy. Aterrizaste en Mar de lluvia como quien aterriza en Plutón, y pronto te acostumbraste a la rutina de salir a recoger algas cada amanecer y a este reloj que se salta las horas cuando tiene prisa y cuenta los segundos a cámara lenta cuando siente la necesidad de pararse a respirar.

martes, 19 de julio de 2011

el viejo y el mar

I tornar a servir cafès a la terrassa del bar Antonio, cerveses i sardines a la plaça d'un poblet de pescadors on les hores passen al ritme de les ones, casetes blanques i llumetes de festa major filant estiu entre fanals i moreres.

És com si, d'un temps ençà, l'atzar hagués cartografiat el buit de la inèrcia, com si els instants estiguessin enllaçats amb els imperdibles de la casualitat. Ahir, després de passar mig matí a la llibreria intentant trobar un títol que em cridés l'atenció, vaig desistir per indecisa. Marxava amb les mans buides, fins que de sobte, quan m'acomiadava d'en Jordi, vaig sentir el xiuxiuar d'un llibre que em cridava des del prestatge més alt: el viejo y el mar, mussitava Hemingway, el viejo y el mar. Qui m'anava a dir que era la lectura que ho lligava tot, feina, somni, sentit i pensament, una peça més del trencaclosques de moments, moments d'aquells en què sona la cançó ideal al volum perfecte, en què cau la pluja amb la mateixa intensitat que la tristesa, o pesques un estel amb un lleuger parpellejar.

S'han desplegat les veles, bufa llevant. El vent tria el rumb i la indecisió esdevé supèrflua. Tret de crear mals de panxa, els dubtes i les pors no tenen pes suficient per fer virar el vaixell.

Serveixo musclos a la marinera i tallats curts de cafè, somric mirant el mar. Penso, somio, imagino. Et penso i t'enyoro a 10 minuts d'aquí. Enyoro la vall, la boira ploranera i el verd ufanós dels boscos, verds de totes les tonalitats. Però m'omplo de mar i t'abraço. Trobar-me a faltar és una de les teves formes d'estimar-me, em dius a cau d'orella. Qui m'anava a dir que m'arribaries a conèixer tan bé. Respira i viu, em dic jo per dins, tant se val l'endemà.

jueves, 14 de julio de 2011

diques

Cuando me explicaron que el cardiólogo le había recomendado a papá que aprendiese a vivir el momento y que se aferrase con fuerza a los días no supe qué sentir. Se me hizo diminuto el corazón. Por un instante volví al invierno, me faltaba ropa sobre la piel o cualquier piel ajena que me arropase. Aunque pronto regresé al verano y le puse diques al pensamiento. Salí a tomar algo, a bailar un poco, a hacer un billar. ¿Para qué pensarlo?, me dije, y relegué aquellas palabras asépticas al olvido superficial; por miedo, tal vez, o por esa ridícula manía de hacer ver que todo va bien, que nada va a demoler los esquemas del orden establecido.

Pero no es tan fácil engañar al cuerpo. Ahora padezco de pequeños inviernos repentinos. Ansiedad, según el médico. Me crece la pena por dentro como si fuese una de aquellas plantas que echan raíces hasta en la arena. No quiero pastillas, sólo quiero saberlo llevar. Sin fingir que no ocurre nada, sin ensalzar pesimismos, sin... sin... Sólo con un poco de naturalidad.


miércoles, 13 de julio de 2011

inventario

Desde que hice las paces con mi soledad me levanto por las mañanas mucho más tranquila. He decidido que voy a hacer un inventario de palabras para recuperar el hábito y las ganas de escribir. Por algún sitio hay que empezar a lidiar la batalla con la pereza. Anoche, leyendo a Martín Gaite en su cuento de nunca acabar, me hablaba precisamente del perezoso que se enreda en pretextos y deja pasar las horas con la estúpida excusa de que ya vendrán más, del "ya lo haré mañana". Me sentí tan identificada en sus páginas como siempre, y decidí que tenía que encontrar de una vez por todas el momento de empezar a perderme de nuevo en el inmenso y caótico universo de la palabra. "Lo importante es perder el miedo, y volverse a perder sin miedo".