Si volviese a cambiar de nombre, a cambiar de ropa o a inventar nuevos paraguas para paliar tormentas, no serviría de nada. La lluvia seguiría enganchada en la piel y la pena ahogando los latidos del alma. Seremos nosotros, siempre nosotros, y cada vez pesará más el cansancio de haber querido vivir a contracorriente. La immensitat del cel seguirà intacta, malgrat els llamps intentin esquinçar-la amb filferros de foc. Sonará la frase de aquella canción, los pararrayos no sirven cuando hay tormenta dentro de mi cabeza, y las ilusiones se clavarán como alfileres en la conciencia. De qué habrán servido tantas horas gastadas en el vano intento de entender la vida, si el día en que se nos coma el mar lo que más desearemos será haberla exprimido, haber vivido a pesar del cómo y del por qué y de todo, a pesar de todo, para poder llevarnos a la otra orilla la vibración del sentir. Si estallasen ahora todas las ventanas me quedaría inmóvil en un rincón. Sería como si se cerrase este absurdo telón de acero y el escenario se hiciese añicos. Se reflejarán nuestros cuerpos en cada trozo de cristal y correréis como gallinas ciegas huyendo de los espejos. Que sí, que ellos también mienten, pero esta vez me quedaré inmóvil... aprendiéndome a mirar, desnudándome a ritmo lento, capa tras capa... hasta llegar a reconocerme. Aunque la lluvia siga enganchada en la piel, prefiero reflejar escepticismo que revestirme cada día con mil disfraces de superhéroe. Basta de funciones. Quiero ver y llorar con mis ojos. Reír con mis labios. Que esta boca es mía y en ella mando yo.
lunes, 22 de octubre de 2012
martes, 11 de septiembre de 2012
milonga
Perdonen que no me aliste
bajo ninguna bandera,
vale más cualquier
quimera que un trozo de tela triste.
Jorge Drexler, Milonga del moro judío
martes, 28 de agosto de 2012
fogueres
Com si avui fos Sant Joan... Llenço a la foguera la por i cremo també les paraules ennuegades, el silenci estrident on resta amagat tot allò que mai ens hem
sabut dir. La ràbia de la impotència. Les cèl·lules negres del càncer que es
van menjar la vida de qui menys esperàvem perdre. Cremo el bisturí que va
deixant cicatrius eternes a l’ànima, els guants de làtex que impulsen el cor
del pare perquè torni a bategar. El darrer comiat, per si de cas, abans d’agafar
el cotxe camí de l’hospital. Els forats plens d’oblit i l’olor asèptica de l’espera.
Creixen les flames amb el combustible de les
mentides, de les veritats que s’amaguen sota el plàstic opac de la sinceritat.
Cremo el dolor, la pena i el desfici. Els hiverns invisibles de les ferides mal
curades i el pou negre que estira els braços de la niña lunática foscor avall, entenebrint mirades i complicitats.
La soledat. El dia que vaig fugir de tu, i aquell altre en què van marxar de
mi, el buit, la veu esguerrada, el suplici, el hay alguna posibilidad, por pequeña que sea, de salvar lo nuestro. La
pols i el fang, aquell deixa’m deixar-te i
les llàgrimes que mai he sabut plorar. Els cops irracionals, i el seu record, que
van causar més blaus morals que físics. Cremo les represàlies i les histèries ‒no
cridis tant que els vidres es trenquen‒, la bogeria que brolla pels ulls i fa
estralls a la consciència. El vertigen desproporcionat als ganivets. Cremo tanta sang i tanta por que em
mulla les parpelles del malson les nits d'insomni.
miércoles, 22 de agosto de 2012
la ruta de las hormigas
Duermo pegada a la pared,
buscando el frío de los ladrillos. Es tan cálido el aire que cuesta horrores
deshacerse de las pequeñas asfixias que me invaden a ratos. Recuerdo que el
verano pasado lo viví con una losa de piedra en el pecho que no me dejaba
respirar. No era el calor entonces, si no las angustias del día a día ancladas
a fondo; no había manera de aligerar el peso, era tan denso el desasosiego que ni
siquiera se disolvía sirviendo sardinas
en la plaza de aquel pueblo de ensueño. Por suerte, creo que este año los
ahogos solo vienen de la sauna ambiental y de las ansias inmensurables de
lluvia. Menos mal que hoy sopla el viento ‒aunque tropical‒ y hace batir las
ventanas, abiertas de par en par. Por si acaso (siempre aparecen anclas-angustia
en los momentos más inesperados), he vuelto a recuperar las escapadas a la
habitación del piano. Se me pega el polvo en los dedos cuado pongo las manos
sobre el teclado, siempre se convierte en demasiado el tiempo relegado al abandono
de Chopin y tantos otros…
Esta tarde volaban todas las
partituras y salían hormigas de entre las teclas ‒es una invasión, están por
toda la casa‒, salían de la rendija del fa sostenido y el sol, qué locura. Intentaba
tantear algo de Nyman cuando han empezado a corretearme por las manos. Viendo
la hilera de puntitos negros me ha venido a la cabeza el cuento que nos explicó
Laura la otra noche. Hablaba de una mujer que, por no saber llorar, se le devinieron
en mar todas las lágrimas almacenadas en su interior a lo largo de los
años. Y tan inmenso se le hizo que hasta un pececito nació en sus
profundidades… ¿Te imaginas? ¡Un pez! La mujer lo
sentía moverse por dentro, notaba cómo se desplazaba de arriba abajo y reseguía
con los dedos su piel para acariciarlo. La historia tenía un final muy triste
pero me fascinó. He seguido tocando, pero de repente, al ver las hormigas
treparme los brazos, me he sentido un poco pez. Sé ‒tantas veces me han dicho‒ que cargo con demasiadas
penas ajenas, con multitud de tristezas transmitidas a golpe de cañón, pólvora
que no es mía pero que ennegrece igual los pulmones. Quizás venga de ahí ese
eterno deseo ‒insaciable‒ de lluvia, de mar, de agua que traspase la piel. ¿Cuál es la fórmula para desprenderse del dolor de los demás?... para que no se me contagien ansiedades tan fácilmente ni aparezcan por todas partes anclas-asfixia, como plagas de hormigas.
viernes, 17 de agosto de 2012
versión original
Durante algo más de dos años estuve escribiendo versiones de una misma carta que no me atrevía nunca a mandar. Tenía la dirección anotada en un papelito, con letra ajena, Calle Tarragona, el número no lo recuerdo. Cada vez que me pongo a ordenar papeles encuentro alguna de aquellas versiones que jamás envié, sobres cerrados con el sello pegado y el remitente escrito en pequeño –tanta timidez que se esconde tras los detalles...–. Recuerdo que gastaba en vano minutos y minutos para tratar de escoger tinta azul o tinta negra, y ya ves, luego se quedaban todas las palabras encerradas en los cajones. Sólo una vez me decidí a echar una de las cartas en el buzón amarillo de correos, qué hatajo de nervios amarrados a la ilusión... Con el tiempo supe que nunca llegó a su destino. Eran papeles llenos de eso, de ilusión y timidez, de ternura nostálgica, de ese amor extraño que –más tarde he descubierto que– me despiertan ciertas personas, personas a las que abrazaría fuerte contra el pecho durante largos instantes –que se paren los relojes para sentir el latir de la vida surcando la piel–, pero siempre he sido tan escabrosa para estas cosas... La chica pelirroja a la que le escribí tantas veces la misma carta fue quien me descubrió este sentimiento que aún no sé etiquetar, ese abraça’m i queda’t aquí, a prop, compartint bocins
de vida i unes quantes cerveses plenes de somriures, que m’inspires ganes d’estimar,
d’estimar la vida, sense més, explica’m com estàs i cuidem-nos amb tendresa,
que no queda tan lluny la felicitat i fins i tot sembla que m’enamoro d'instants i del món... Es algo extraño que te llena por dentro, una chispa especial que desprenden aquellas personas que brillan como faros en la noche, cada uno con su particular cadencia de luz intercalada a los segundos de oscuridad, pero siempre ahí, inamovibles, alumbrando la vida, arropando el mar.
martes, 17 de julio de 2012
cartografías
Llevo días sumergida en las
palabras ‒en las palabras de una escritora del siglo pasado, desmenuzándolas
letra por letra y volviéndolas a unir con el propósito de entender la sintaxis
de su significado lo más acertadamente posible‒, tan sumergida que vuelvo a
sentir a cada instante aquel viejo impulso de escribir, de sumergirme en las mías
‒mis palabras; y he de confesar que esto de los guiones es algo prestado y
contagioso, qué utilidad la de un simple guión, tanta que podría usarlos
constantemente, en exceso… para construir estos raros paréntesis explicativos,
podría introducir paréntesis dentro de los paréntesis… la arquitectura de los
guiones me recuerda a esas muñecas rusas que esconden en su interior otra
muñequita a escala reducida, y dentro de ella, otra más pequeña aún… ¿cómo se
llamaban?, tenían un nombre, pero no lo recuerdo‒, sumergirme en mis palabras,
decía, para tratar de crear mi propio lenguaje, un alfabeto capaz de
representar una realidad particular.
Es algo extraño y complejo, que no alcanzo a compre(he)nder, porque lo cierto
es que las palabras siempre son ‒y han sido‒ las mismas, pero hace tanto tiempo
que no sé usarlas del modo en que logren explicar aquello que quiero definir…
Ahora parece que vuelven a conjurarse los astros de la lingüística, parece, eso
parece, pero siempre es pronto para cantar victoria con pies de plomo. De
momento, me he propuesto escribir a diario en este cuaderno de cartografías ‒cartografiando el vacío me parece un título
muy adecuado para este cúmulo de páginas en blanco, un mapa mudo que invita a
trazar senderos, a encontrar algún camino para llegar a alguna parte (qué más
da adónde)…, una libreta de viajes para un viaje estático, porque aparentemente
no iré a ningún lugar espacialmente distinto, pero ¡qué suerte! conservar aún,
y a pesar de todo, la esperanza de que se puede llegar tan lejos con los pies
clavados en el suelo…‒. Se presenta un verano de reconstrucción, un tiempo en
el que el mayor de los deseos ‒a veces ansia‒ es aprender a estar sola,
re-encontrar mi espacio y conocerme un poco mejor ‒tengo a menudo la extraña y
melancólica sensación de que aquella Sila (o Sofía, o Elena, o simplemente aquel
Yo) que conocía, que creía conocer, se quedó atrás, estancada en algún momento
inerte del pasado, y ahora me veo como una peonza que gira a ciegas, dando
tumbos de esquina a esquina, sin rumbo, sin entender…‒, entender, eso es,
entender lo que llevo dentro y algún ápice de realidad, sólo alguno, porque
cada vez doy más por inútil e imposible hallar explicaciones para este fenómeno
tan absurdo llamado mundo.
miércoles, 13 de junio de 2012
vida
Tot sortirà bé, tot sortirà bé, tot sortirà bé. Tot sortirà bé perquè ahir plovien flors d'acàcia i tu seràs tan fort com mai. Oi que sí? Seràs fort i somriuràs. I obriràs els ulls aquest vespre com si haguessis tornat a néixer. Perquè en aquesta vida no s'acaba mai de néixer...
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