domingo, 18 de noviembre de 2012

Miss Lunàtic

A casa se signen papers per no patir, documents per no allargar el dolor ni la vida. Tu dorms, dorms i et miro. I no puc evitar pensar que passen els anys i ja ningú sap quant temps fa que no hi ets. Vas anar marxant tan discretament que cap de nosaltres va saber veure-ho. Sols els miralls s’adonaven que cada dia era més difícil trobar el teu reflex. Dorms però no hi ets. Se’t va quedar el cos petit, l’ànim buit, l’ombra un forat escarransit a terra. Et miro i parles, parles sense parar i els ulls ben oberts –sense il·lusió, sense llum– es mouen inquiets, com espurnes saltant per tots els racons, papallones que no troben la flor on aturar-se. És ella? La que parla i fuma i beu, i com la Miss Lunàtic d’aquell llibre –que vas llegir de petita–, camina pels terrats entre gats i maules... perdent-ho tot, buscant no res. Però ara dorm i jo la miro, com tantes vegades l’he mirat als ulls i he intentat entendre el llenguatge de la mirada absent. He provat de riure, de plorar, de cridar, només he aconseguit aprendre a escoltar i a callar –tantes ferides obertes als llavis–. I a mirar, mirar com dorm i preguntar-me fins la sacietat on és, on es va perdre, què li ha passat... Creix la pena com un forat negre a l’estómac, la pena de saber que demà tampoc tornarà a ser com abans –perquè allò que abans era estrany a hores d'ara ja forma part de la quotidianitat–, que ja ens hi hem acostumat, a les paraules i a les cerveses buides, als cigarrets a mitges i a callar. Callar i mirar com els pares signen en un paper que volen tenir una mort digna, mentre ella dorm, al sofà. Hi ha dies que se’t cau el món   a pedaços. Però s’ha de seguir endavant, et repeteixes, seguir endavant i agafes fort qualsevol d’aquelles pedres de mar que tens escampades per totes les butxaques. L’estrenys i mires tu també de no patir, d’oblidar i fer veure que no tens pena, ni por. La por tan gran de caure en el mateix pou que les dones que més t'estimes, les qui porten sota la pell la teva mateixa sang.   

lunes, 5 de noviembre de 2012

el evangelio del antisistema




Y como la Gioconda, todos sus semblantes sonríen para no llorar, sonríen de hastío y descontento, sonríen para no acabar de morir. Porque una manera de muerte es para la Gioconda -el alma de Leonardo- vivir sólo como una parte del mundo y no poder abarcar el temblor inagotable de la vida universal
La "Gioconda", Ortega y Gasset


Podría juntar mil palabras al azar y hacer frases que ni entiendo. Podría hacer como tú y venderme a la hipocresía por un puñado de besos huecos y algún que otro orgasmo que añadir a tu colección de patrañas-diamate. Pero prefiero la risa -la risa histérica de la incomprensión. Camiseta cutre, pantalones rotos, riñonera a rayas y las dilataciones de rigor. Es muy fácil vestirse de antisistema y proclamarse radikxl (que no es lo mismo que radikal, ni radical, a pesar de que el adjetivo no tenga más que una terminacón para los dos géneros). A mí también me sobran las ganas de quemarlo todo. Pero dime: si un día te despertase Polifemo a los pies de la cama, ¿te atreverías a llamarle feo? Apuesto a que te esconderías bajo tus sábanas negras de terciopelo, capricho del mejor sibarita, niñito de familia bien. Y entonces se evidenciaría el absurdo de nuevo, la realidad patética de quien juega a llevar la contraria por el simple hecho de contradecir lo convencional. Piensa, ¡joder!, piensa por ti mismo. ¿Que no te das cuenta? Repetir como un loro los tweets del transgresor de moda no dista mucho de seguir las verdades de la tele como evangelio. Perdóname, pero dejé de entenderte hace tiempo. A ti y a toda esta panda de borregos que pastamos sobre la Tierra. 

lunes, 22 de octubre de 2012

superhéroes

Si volviese a cambiar de nombre, a cambiar de ropa o a inventar nuevos paraguas para paliar tormentas, no serviría de nada. La lluvia seguiría enganchada en la piel y la pena ahogando los latidos del alma. Seremos nosotros, siempre nosotros, y cada vez pesará más el cansancio de haber querido vivir a contracorriente. La immensitat del cel seguirà intacta, malgrat els llamps intentin esquinçar-la amb filferros de foc. Sonará la frase de aquella canción, los pararrayos no sirven cuando hay tormenta dentro de mi cabeza, y las ilusiones se clavarán como alfileres en la conciencia. De qué habrán servido tantas horas gastadas en el vano intento de entender la vida, si el día en que se nos coma el mar lo que más desearemos será haberla exprimido, haber vivido a pesar del cómo y del por qué y de todo, a pesar de todo, para poder llevarnos a la otra orilla la vibración del sentir. Si estallasen ahora todas las ventanas me quedaría inmóvil en un rincón. Sería como si se cerrase este absurdo telón de acero y el escenario se hiciese añicos. Se reflejarán nuestros cuerpos en cada trozo de cristal y correréis como gallinas ciegas huyendo de los espejos. Que sí, que ellos también mienten, pero esta vez me quedaré inmóvil... aprendiéndome a mirar, desnudándome a ritmo lento, capa tras capa... hasta llegar a reconocerme. Aunque la lluvia siga enganchada en la piel, prefiero reflejar escepticismo que revestirme cada día con mil disfraces de superhéroe. Basta de funciones. Quiero ver y llorar con mis ojos. Reír con mis labios. Que esta boca es mía y en ella mando yo.  

martes, 11 de septiembre de 2012

milonga


Perdonen que no me aliste bajo ninguna bandera,
vale más cualquier quimera que un trozo de tela triste.

Jorge Drexler, Milonga del moro judío

martes, 28 de agosto de 2012

fogueres


Com si avui fos Sant Joan... Llenço a la foguera la por i cremo també les paraules ennuegades, el silenci estrident on resta amagat tot allò que mai ens hem sabut dir. La ràbia de la impotència. Les cèl·lules negres del càncer que es van menjar la vida de qui menys esperàvem perdre. Cremo el bisturí que va deixant cicatrius eternes a l’ànima, els guants de làtex que impulsen el cor del pare perquè torni a bategar. El darrer comiat, per si de cas, abans d’agafar el cotxe camí de l’hospital. Els forats plens d’oblit i l’olor asèptica de l’espera.  
Creixen les flames amb el combustible de les mentides, de les veritats que s’amaguen sota el plàstic opac de la sinceritat. Cremo el dolor, la pena i el desfici. Els hiverns invisibles de les ferides mal curades i el pou negre que estira els braços de la niña lunática foscor avall, entenebrint mirades i complicitats. La soledat. El dia que vaig fugir de tu, i aquell altre en què van marxar de mi, el buit, la veu esguerrada, el suplici, el hay alguna posibilidad, por pequeña que sea, de salvar lo nuestro. La pols i el fang, aquell deixa’m deixar-te i les llàgrimes que mai he sabut plorar. Els cops irracionals, i el seu record, que van causar més blaus morals que físics. Cremo les represàlies i les histèries ‒no cridis tant que els vidres es trenquen‒, la bogeria que brolla pels ulls i fa estralls a la consciència. El vertigen desproporcionat als ganivets. Cremo tanta sang i tanta por que em mulla les parpelles del malson les nits d'insomni.

miércoles, 22 de agosto de 2012

la ruta de las hormigas


Duermo pegada a la pared, buscando el frío de los ladrillos. Es tan cálido el aire que cuesta horrores deshacerse de las pequeñas asfixias que me invaden a ratos. Recuerdo que el verano pasado lo viví con una losa de piedra en el pecho que no me dejaba respirar. No era el calor entonces, si no las angustias del día a día ancladas a fondo; no había manera de aligerar el peso, era tan denso el desasosiego que ni siquiera se disolvía sirviendo sardinas en la plaza de aquel pueblo de ensueño. Por suerte, creo que este año los ahogos solo vienen de la sauna ambiental y de las ansias inmensurables de lluvia. Menos mal que hoy sopla el viento ‒aunque tropical‒ y hace batir las ventanas, abiertas de par en par. Por si acaso (siempre aparecen anclas-angustia en los momentos más inesperados), he vuelto a recuperar las escapadas a la habitación del piano. Se me pega el polvo en los dedos cuado pongo las manos sobre el teclado, siempre se convierte en demasiado el tiempo relegado al abandono de Chopin y tantos otros…

Esta tarde volaban todas las partituras y salían hormigas de entre las teclas ‒es una invasión, están por toda la casa‒, salían de la rendija del fa sostenido y el sol, qué locura. Intentaba tantear algo de Nyman cuando han empezado a corretearme por las manos. Viendo la hilera de puntitos negros me ha venido a la cabeza el cuento que nos explicó Laura la otra noche. Hablaba de una mujer que, por no saber llorar, se le devinieron en mar todas las lágrimas almacenadas en su interior a lo largo de los años. Y tan inmenso se le hizo que hasta un pececito nació en sus profundidades… ¿Te imaginas? ¡Un pez! La mujer lo sentía moverse por dentro, notaba cómo se desplazaba de arriba abajo y reseguía con los dedos su piel para acariciarlo. La historia tenía un final muy triste pero me fascinó. He seguido tocando, pero de repente, al ver las hormigas treparme los brazos, me he sentido un poco pez. Sé ‒tantas veces me han dicho‒ que cargo con demasiadas penas ajenas, con multitud de tristezas transmitidas a golpe de cañón, pólvora que no es mía pero que ennegrece igual los pulmones. Quizás venga de ahí ese eterno deseo ‒insaciable‒ de lluvia, de mar, de agua que traspase la piel. ¿Cuál es la fórmula para desprenderse del dolor de los demás?... para que no se me contagien ansiedades tan fácilmente ni aparezcan por todas partes anclas-asfixia, como plagas de hormigas.

viernes, 17 de agosto de 2012

versión original

Durante algo más de dos años estuve escribiendo versiones de una misma carta que no me atrevía nunca a mandar. Tenía la dirección anotada en un papelito, con letra ajena, Calle Tarragona, el número no lo recuerdo. Cada vez que me pongo a ordenar papeles encuentro alguna de aquellas versiones que jamás envié, sobres cerrados con el sello pegado y el remitente escrito en pequeño –tanta timidez que se esconde tras los detalles...–. Recuerdo que gastaba en vano minutos y minutos para tratar de escoger tinta azul o tinta negra, y ya ves, luego se quedaban todas las palabras encerradas en los cajones. Sólo una vez me decidí a echar una de las cartas en el buzón amarillo de correos, qué hatajo de nervios amarrados a la ilusión... Con el tiempo supe que nunca llegó a su destino. Eran papeles llenos de eso, de ilusión y timidez, de ternura nostálgica, de ese amor extraño que –más tarde he descubierto que– me despiertan ciertas personas, personas a las que abrazaría fuerte contra el pecho durante largos instantes –que se paren los relojes para sentir el latir de la vida surcando la piel–, pero siempre he sido tan escabrosa para estas cosas... La chica pelirroja a la que le escribí tantas veces la misma carta fue quien me descubrió este sentimiento que aún no sé etiquetar, ese abraça’m i queda’t aquí, a prop, compartint bocins de vida i unes quantes cerveses plenes de somriures, que m’inspires ganes d’estimar, d’estimar la vida, sense més, explica’m com estàs i cuidem-nos amb tendresa, que no queda tan lluny la felicitat i fins i tot sembla que m’enamoro d'instants i del món... Es algo extraño que te llena por dentro, una chispa especial que desprenden aquellas personas que brillan como faros en la noche, cada uno con su particular cadencia de luz intercalada a los segundos de oscuridad, pero siempre ahí, inamovibles, alumbrando la vida, arropando el mar.