He visto el haz del faro pasar por encima de la
cabeza. Dos segundos, tres segundos, cuatro. Y otra vez el destello hundiéndose
en la noche. Demasiada noche, demasiado negra, demasiados versos haciendo
temblar la noche negra del cuerpo hasta la extenuación. No nos dejaron mapas de la oscuridad, no nos dejaron mapas de nada. Pero ya está ahí, otra vez, después de tres segundos, cuatro, la estela del faro peinando el vacío. Y me vuelan los ojos detrás de la luz como cometas sin rumbo. No sé cuántos universos paralelos debo guardar en las cavernas del pecho para estar tan perdida. La clave, dijeron, son los segundos de oscuridad. Dos, tres, luz. Cuatro, cinco, seis, luz, luz. Me desconcentro al contar con el temblor de los versos. Supongo que no importa, es bonito este momento.
domingo, 16 de marzo de 2014
lunes, 3 de marzo de 2014
saliva
M'he esbandit els ulls d'odi
Montserrat Abelló
Se derrite el chocolate en la boca. Aprieto la lengua contra el paladar para retener el sabor. Todo el odio y toda la rabia se concentran en las mandíbulas, las muelas de arriba contra las de abajo para no escupirle en la cara las crueldades que se me pasan por la cabeza. Le hubiese tirado encima hasta los platos sucios. Los he visto volar por los aires y aterrizar sobre su cuerpo, y detrás de la vajilla venía también la ropa arrugada, las llaves de casa, el piano, los gritos, la... ¡Basta! He frenado la imagen con los puños y los colmillos para evitar el arrepentimiento. ¡Basta, basta! Que la rabia no se convierta en pensamientos. He arañado con los ojos la pared mientras se me apelmazaban las lágrimas detrás de los párpados. No llorar, no decir, no pensar. Clavar las uñas en las palmas de las manos, los dientes en los carrillos y una presa de chocolate en el paladar para cauterizar toda la rabia y todo el odio que no hay que decir, que no sé llorar, que no quiero pensar. Esperar a que se derrita, poco a poco. Y tragar lentamente el líquido espeso y dulce que se mezcla con el regusto a óxido de la sangre. Se irá deshaciendo hasta desaparecer. Unos minutos y no quedará más que saliva. Saliva para fregar los suelos de la conciencia y borrar la culpa de haber pensado, de haber sentido. Nadie sabrá que el precio de evitar hoy la guerra es que mañana cueste un poco más respirar.
jueves, 13 de febrero de 2014
C'est la vie
"En la vida le pasaba igual, resulta tan empobrecedor -decía- atenerse de forma rígida a lo que se ha elegido, descartando cualquier posibilidad igualmente interesante, y sin embargo hay que contar con ello, nos pasamos la vida decidiendo, por mucho que nos agobie decidir, ésa es nuestra condena, la sed de infinitud chocando contra los barrotes de la jaula, suspiró, c'est la vie. [...] es muy injusto que la vida nos fuerce a tomar opciones excluyentes"
Lo raro es vivir, Carmen Martín Gaite
Hace un día tan bonito que ni me lo creo. Ni siquiera hace frío. He saltado de la cama y al abrir la puerta, casi con los ojos cerrados, me he chocado con un cartel muy grande con letras y globos de colores. Me ha dado la risa y me quedado un rato sentada en el primer peldaño de la escalera. No había nadie en casa y mi carcajada ha recorrido el pasillo de punta a punta. Por un momento se ha calmado el huracán que tengo metido en el estómago. "Sed de infinitud contra los barrotes de la jaula", no había una cita mejor. La he encontrado en la bandeja de entrada del correo. Encima de la mesa de la cocina había dos periódicos y una nota. Qué rara es la vida, pero qué alegría que haya gente que te cuide, aunque sea sólo a ratos. Me he prometido no olvidarme de pedir un deseo cuando sople las velas. No sé cuál todavía, tengo todo el día para pensarlo. Hasta en esto hay que elegir. Ayer me dormí leyendo "mans més petites que la pluja" y pensé que hoy inevitablemente llovería, pero hace sol, un sol gigante que deshace el frío. Y casi ni me lo creo. Quizás sea el día ideal para bajar al mar y hacer volar la cometa.
jueves, 6 de febrero de 2014
como si nada
Todavía no sé de dónde saqué las fuerzas, después de todo, para levantar la cabeza y hablarle como si nada. Como si no hubiese pasado nada. Era abril pero no fue bonito. O quizás sí, seguro que algo de estético tenían todos aquellos morados floreciendo como primaveras en las entrañas, la rabia convertida en flor carnívora para devorarlo todo. No sé, va pasando el tiempo y hay cosas que no se marchan. Las quieres echar pero están ahí, dentro de ti. Aunque las llores dejan su poso, cicatrices que no se borran ni frotando con lejía. Después de la peli del otro día me quedé pensando si el dolor es una opción, si se puede elegir sentirlo. Es tan abstracto y a la vez tan material... A veces piensas que se ha ido y cuando menos te lo esperas vuelve a por ti, puñales oxidados clavándose en la conciencia. Y por un segundo te quedas inmóvil, sin saber qué hacer, si elegir sentirlo o levantar la cabeza y hacer como si nada. Hablar, caminar, sonreír. Concentrarte en el rojo-sangre que también es rojo-cereza y seguir pa'lante. Como si no hubiese pasado nada. Como si hubiese pasado todo. Al fin y al cabo, volverá a llegar abril y quién sabe si esta vez va a ser bonito.
miércoles, 5 de febrero de 2014
Qui sembra misèria recull la ràbia.

"Estoy cabreada", decía aquella mujer que llamó a la radio. Tan cabreada como nos hemos sentido todos después de recibir la carta del Ministerio anunciando que a papá le suben la pensión 75 céntimos. 0'75 € escrito en un folio de 80 gramos con tinta a todo color, hay que joderse. También llegó otro sobre de la Generalitat, notificando que la abuela tiene derecho a cobrar la ayuda por la Ley de Dependencia. Manda cojones, dos años recibiendo la misma carta y sin ver un duro. Se toman la molestia de comunicarlo, eso sí, "tiene derecho a" pero de qué diablos servirá tanto derecho si jamás llega el dinero. "Si no me lo quieren dar, que no me lo den", decía la mujer de la radio. Lo que indigna es esto, esta maldita carta (tinta y papel de primera calidad) cuyos gastos de envío ya sobrepasan los míseros 75 céntimos que, haciendo un gran esfuerzo, te regalan. Te conceden los derechos y al mismo tiempo te los niegan. Con toda su pachorra y una dosis extra de sarcasmo metida dentro de un sobre. Ya ni hablemos de la nueva Ley de Protección de la Vida del Concebido ni de la Ley de Seguridad Ciudadana. Dime si no entran ganas de partirles la cara, de salir a la calle y reventarlo todo. Pero no lo digas muy alto, mantén las formas; que, encima, si les tocas el orgullo, hasta el segurata del Mercadona podrá detenerte con cualquier pretexto inventado en la puerta del súper. Ese súper, ese maldito supermercado donde has estado invirtiendo los últimos años, ignorando que el señor Juan Roig dedicaba sus beneficios a alimentar la caja B del Partido Popular. Así que sí, para más sorna, todos hemos contribuido a que esta panda de capullos llegue hasta aquí. Que no llueve, que no. Que se nos mean. No sabe cómo la entiendo, señora. Yo también estoy cabreada. Y "cabreo" es una forma sutil de definir tanta rabia. RABIA. RABIA. RABIA.
martes, 28 de enero de 2014
qué mejor refugio que la cocina
Una hormiga recorre el borde de la pantalla, sube hasta la esquina izquierda, sigue en línea recta hacia la de la derecha y baja hasta el otro extremo. La miro mientras escribo. Cuando llega a la punta, da la vuelta y hace el recorrido al revés. Lleva rato encallada en el mismo camino. Igual que la canción que suena una vez detrás de otra al volumen suficiente para no oír el viento. Parecía imposible, pero hoy todavía sopla más fuerte que ayer. Me he encerrado en la cocina con la estufa, la olla del caldo y la música. Dejaré que hiervan un rato los huesos antes de añadir las verduras –qué feas son y qué mal pelar tienen las chirivías–. Se reflejan en la puerta del microondas las ramas de los árboles, aparecen por todas partes aunque no las quiera ver. Si me preguntas por el dolor de cabeza no se me ocurrirá confesarte que es del miedo que me da el viento. Antes te diré que es del vino que de haberme pasado la noche con los ojos abiertos y los dedos cruzados, deseando que amainase el vendaval; no vaya a ser que descubras otra más de mis debilidades. He perdido de vista la hormiga y el olor a butano se me ha pegado al jersey de lana. Acabo de encender un cigarro sin pensar en que la más mínima chispa bastaría para provocar una explosión. ¿Te imaginas? Como aquel día en que se incendió la bombona y nos dimos todos por muertos. Espumo el caldo con paciencia, no tengo ganas de pensar en nada menos banal. Creo que no saldré en todo el día de la cocina. Nada mejor que la estufa y el fuego para combatir enero.
lunes, 27 de enero de 2014
cosas pequeñas
Olvidar los grandes propósitos, son importantes
las cosas pequeñas. Las gafas, los zapatos, el mechero. Una canción que tenga
el poder de sonar en bucle y acorralar todas las sensaciones que no merece la
pena sentir –para qué diablos existirán la culpa y el arrepentimiento–. Hierve
el agua a fuego lento y echo una rama de canela y tres gotas de limón, remedios
caseros para recuperar la fuerza perdida. Las lecciones de la vida no siempre
son fáciles de digerir. Tampoco es fácil, un domingo, decidir si abandonarme a
la desidia o a este impulso repentino de quererte. Los viernes es más tentador el vértigo, pero los domingos tienen un imán para la nostalgia.
Aunque ya casi es lunes y aún tengo restos de tierra en las manos de haber
plantado flores esta mañana. Son importantes las cosas pequeñas –las
margaritas, los claveles, la hiedra–. El domingo no es un día para el glamour. Voy
a tirarme en el sofá a ver otro capítulo de esa serie que me tiene tan enganchada y a seguir
enamorándome con devoción de quinceañera de la mujer de las gafas negras.
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